Cuenta Héctor Ángel Benedetti en su libro "Las mejores anécdotas del tango y otras curiosidades" que un día de junio de 1916 el compositor Juan de Dios Filiberto, a quien vemos a la derecha; se había sentado a probar uno de los tantos pianos del salón de ventas de Casa Breyer, la tradicional casa de música porteña. En determinado momento entró un anciano que se detuvo a escucharlo tocar sus tangos; el joven pianista continuó sin inmutarse. Transcurridos unos instantes, el desconocido hizo un comentario a un hombre que estaba a su lado, y se fue sin ocultar su emoción.Cuando Filiberto terminó sus interpretaciones, le dijeron de quién se trataba: era un famoso músico francés que había venido al Colón a dirigir una ópera compuesta por él, llamada "Samson et Dalila".
Mientras tanto, el viejo Camille Saint-Saëns se alejaba por la vereda, despacio, conmovido.
Nunca sabremos exactamente lo que pensaba pero puedo intuir que le había gustado el tango.