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martes, 13 de septiembre de 2011

Imaginación libertaria

Hace unos días me tocó ir a la radio por un reportaje. Estuve en un estudio mirando las consolas del operador tras un vidrio, los micrófonos como antenas de insectos gigantes pero invisibles y una luz roja que decidía nuestros destinos al prenderse.
Los periodistas que tuve la suerte que me reportearan fueron no sólo cálidos y amables sino también unos interlocutores mucho más inteligentes y sagaces que yo. En una de las conversaciones previas al aire surgió la idea del control dentro de la cultura. Hace unos cincuenta años la gente escuchaba radio como forma principal de entretenimiento comunicacional.
Imagino a mi abuelo, o al abuelo de ustedes; sentándose al atardecer en el sillón más mullido de la sala para escuchar en la penumbra creciente del crepúsculo las noticias o un programa o un radioteatro. Esa situación conlleva necesariamente mucha imaginación. Uno debe imaginarse los rostros de las voces que escucha, los gestos de los hablantes, el lugar donde transcurre la escena y tantas otras cosas más. Esa magia de la radio sigue intacta, pero el medio predominante actualmente es la televisión.

En la literatura pasaba y pasa; algo similar. Cuando leí "Anna Karenina" fue una inyección de energía a mi imaginación. Pero después vino la película y debo confesar que estoy un poco enamorado de Sophie Marceau pero sigo prefiriendo ponerle a Anna la cara que yo quiera imaginarme y no la resultante de un casting.


Así como la televisión suplió a la radio, las películas suplieron a las novelas como herramientas populares de narración. Y como resultante la imaginación del consumidor de cultura se vio cada vez más cercenada. Ya no hace falta imaginarse el garbo de Alekséi Vronsky, la decisión ya está tomada y vemos al actor.

Cada vez más las decisiones, aún las de la imaginación; son tomadas por otros en vez de uno mismo. Y esa pérdida imperceptible de libertad; ese cercenamiento de la imaginación; creo que nos hace vivir en un mundo cada vez más desangelado.

Me apresuro a imaginarlo antes que a algún productor extranjero llame a un director de fotografía.