El contacto con los demás nos obliga muchas veces a representar distintos papeles.No le hablamos de la misma manera a nuestra amante que a nuestro jefe.
Pero este teatro de la vida, como decía el dramaturgo que casi fue todos los hombres, William Shakespeare; puede llegar a ser abrumador.
Entonces más que representar papeles de una obra de teatro global, tendemos a ponernos máscaras.
El problema con las máscaras es que si se usan demasiado; se hacen carne.
Una nunca sabe cuándo pasa, pero cuando se da cuenta siempre es demasiado tarde.
El odio es una excelente máscara del miedo.
El miedo es una excelente máscara de la ignorancia.
La fe es una excelente máscara de la angustia frente a la muerte.
La soberbia es una excelente máscara de la propia mediocridad.

Para bailar es mejor sacarse las máscaras.

