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jueves, 23 de diciembre de 2010

El origen del arte

Cuenta Plinio el Viejo en el libro 35 de su "Historia Natural" que la hija de un alfarero llamado Dibutades vivía en Corinto enamorada de un joven extremadamente bello.
Él tuvo que partir a la guerra. En la última noche que pasaron juntos, ella no lo abrazó.
Ni siquiera lo besó.
Levantó con su mano izquierda una lámpara de aceite.
Tomó con su mano derecha una brasa extinguida del brasero hecha carbón.
Se aproximó a él.
No acarició el volumen de su cuerpo, que sin embargo marcaba su deseo.
Prefirió delimitar el perímetro de su sombra en la superficie del muro que se elevaba detrás de él con el trozo de carbón.
Al día siguiente su padre al ver el dibujo lo modeló en arcilla.

Según esta leyenda la joven, cuyo nombre no ha perdurado, inventó la pintura.
Su padre, Dibutades el alfarero, inventó la escultura.

Padre e hija inventaron el arte.


El cuadro es de Francine van Hove y fue pintado en el año 2007.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Génesis

Puzurr-Zababa estaba contento. Se agitaba alegremente sacudiendo con energía el espacio. Si bien, es necesario aclarar que el espacio, como el concepto que actualmente entendemos, todavía no existía.
Cada pequeño amrru-ukh de la presencia llamada Puzurr-Zababa exhaltaba una satisfacción que este ser experimentaba sólo cuando había saciado recientemente su apetito. Pero la onda expansiva del estado de ánimo de Puzurr-Zababa debía ser muy poderosa porque cuando sólo habían transcurrido unos pocos mu-du-shq se escuchó, si se le puede llamar escuchar, la llegada de otras presencias.
-"Puzurr-Zababa" - bramó el ser llamado Lugalkiginedudu -- "qué has hecho esta vez ? "
Puzurr-Zababa lo miró; siempre teniendo en cuenta que nada parecido a un par de ojos integraba su anatomía, con la expresión más inocente que había podido aprender en su corta vida.
-"Está demasiado contento" - se expresó Enzipazianna dirigiéndose hacia lo que suponemos sería su consorte.
Éste de repente viró hacia un color en algún lugar entre la gama del violeta y del púrpura y atronó la oscuridad con su ronca voz:
-"Ghishakkidu, Kishep-Ratep, Shutruknakhkhunte, vengan inmediatamente, carajo!"
Un extraño aletear de presencias se escuchó desde los lugares más dispares que nuestra pobre percepción espacial nos permitiría discernir.
- "Puzurr-Zababa se ha devorado todo mi mu-kurun-na. Ya no sé qué hacer con este crío de mierda. Nunca lo puedo poner en vereda"
- "Porqué no lo encerrás algún tiempito " sugirió sibilante Kishep-Ratep.
Nuevamente nos vemos forzados a aclarar al desprevenido lector que la noción de tiempo que manejaba Kishep-Ratep era muy distinta de la que conocemos, ya que el tiempo, como tal, ni siquiera había sido creado todavía.
- "Buena idea, su viscosidad- " se expresó el ser llamado Lugalkiginedudu. Y prosiguió, altisonante - "Puzurr-Zubaba, te quedarás encerrado tres millones de qutu-shk"
Y luego toda la mari-ekallishu, como les gustaba llamarse a ellos en conjunto, se perdió en la oscuridad en medio de risas y húmedos grititos.
Puzurr-Zababa estaba enojado. Se agitaba con rabia sacudiendo con energía el espacio. Una vez más, se hace necesario aclarar que el espacio como tal, todavía no existía.
Cuando se cansó de patalear, aunque tal vez sería más apropiado escribirlo como tentaculear, Puzurr-Zababa empezó a aburrirse.
Al cabo de unos pocos mu-du-sq el aburrimiento era insoportable. Se podría decir que a esa altura Puzurr-Zababa se movía inquieto por la oscuridad, como si estuviera aleteando por sobre la superficie de las aguas...
Entonces por decir algo, por bronca, por jodido, porque no tenía nada que hacer, o de puro aburrimiento, Puzurr-Zababa musitó: "Hágase la luz".

Y la luz se hizo.

lunes, 23 de febrero de 2009

La aurora, el ocaso y la piedad

En la mitología griega, una de las fuentes simbólicas de Occidente, Eos (en griego clásico Ἠώς Êós o Έως Eos, ‘aurora’) era la diosa de la aurora, que salía del borde del océano que rodeaba el mundo para anunciar a su hermano Helios, el Sol. Se cree que es una creencia griega muy arcaica herededa de la época indoeuropea dado que el nombre "Eos" está emparentado con el védico Ushas.
Como diosa de la aurora, Eos abría las puertas del infierno con «sonrosados dedos» para que Helios pudiera conducir su carro por el cielo cada día. En la Ilíada de Homero su toga de color azafrán está bordada o tejida con flores; con dedos sonrosados y brazos dorados, era representada en vasijas áticas como una mujer sobrenaturalmente hermosa, coronada con una diadema y con largas alas con plumas blancas de pájaro: "Eos, de azafranado velo, se levantaba de la corriente del Océano para llevar la luz a los dioses y a los hombres..." cantaba Homero.
Titono fue su consorte más fiel, de cuyo diván la imaginaban levantándose los poetas. Cuando Zeus le robó a Ganimedes para que fuese su copero, Eos le pidió que hiciese inmortal a Titono, pero olvidó pedir la eterna juventud. Titono vivió por tanto para siempre pero se hizo más y más anciano, convirtiéndose finalmente en un grillo. Destino mucho menos glamoroso que la inmortalidad pedida.

Según Hesíodo, Titono y Eos tuvieron dos hijos, Memnón y Ematión. Memnón luchó junto a los troyanos en la Guerra de Troya y fue muerto. Su imagen con Memnón muerto sobre sus rodillas, fue uno de los íconos que inspiraron durante los siglos posteriores a la Pietá cristiana.

El cuadro de la Aurora es William Adolphe Bouguereau_(1825-1905) y fue pintado en 1881.
El ánfora pintada con la Pietá avant la lettre es del siglo V a.C. y está en el Louvre.

jueves, 26 de junio de 2008

Huginn y Muninn

En la mitología escandinava Huginn y Muninn, o Hugin y Munin, son un par de cuervos asociados con el dios Odín. Hugin y Munin viajaban alrededor del mundo recogiendo noticias e información para Odín. Hugin es el "pensamiento" y Munin es la "memoria"". Ambos eran enviados al alba a recoger información y regresaban por la tarde. Se posaban en los hombros del dios y susurraban a sus oídos todas las noticias. Es debido a estos cuervos que el kenningar o metáfora (Hrafnaguð) "dios cuervo" se utilizaba para referirse a Odín.

El nombre Munin tiene sus raíces en la palabra "memoria" en nórdico antiguo

De la Edda Poética

Huginn ok Muninn
fljúga hverjan dag
Jörmungrund yfir;
óumk ek of Hugin,
at hann aftr né komi-t,
þó sjámk meir of Munin.

Hugin y Munin
vuelan todos los días
alrededor del mundo
temo menos por Hugin
de que no regrese,

aún más temo por Munin.