En la antigua China había un puente famoso por sus fantasmas.Una noche de tormenta un viajero asustado debió cruzarlo. A mitad de camino sintió que "algo" le tocaba el hombro y al darse vuelta vio un fantasma pequeño y enrojecido que le gritaba en su cara.
Pálido de terror corrió desesperado y pudo llegar al baño público al final del puente con el corazón como un tambor.
Un rato después entró un niño empapado y temblando de miedo.
"Señor, qué suerte que lo encuentro! Tenía que cruzar el puente y como tenía mucho miedo corrí hacia un adulto para pedirle que me acompañe.
Pero no era un adulto, era un fantasma horrible que me aulló en la cara. Por suerte pude correr hasta aquí".
Leído en mi niñez en un libro de Bernardo Kordon. Nunca olvidado.