lunes, 31 de mayo de 2010

El músico y la muerte


Podrá la música disuadir a la muerte ?
Un corto de animación de Ludomir Benés, "El músico y la muerte" (Muzikant a Smrt) hecho en Checoslovaquia en 1984. Corto extraído del programa Caloi en su tinta.
Fíjense cómo al final la muerte cambia la vela apagada por una nueva.

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El cuadro es el "Autorretrato con la muerte tocando el violín" del pintor suizo Arnold Bocklin (1827-1902)

El curso de los discursos

Una vieja y remanida frase dice "los hombres pequeños hablan de cosas, los medianos de otros hombres; y los grandes hombres, de ideas". Perdón si mi maltrecha memoria la cita mal, pero creo haber conservado la idea original. Vivimos en una cultura en la que la palabra tiene un valor gigantesco y la proliferación casi infinita de información mediática no hace más que aumentar dicho valor. Dicho de otra forma, y pensando en la realidad mediática actual, las palabras crean realidad, o por lo menos una versión de la realidad. Eso pareciera pasar en todos los niveles, ya que todas las realidades subjetivas suelen construirse a partir de un cierto discurso, por más tendencioso que sea. Y lo antedicho vale tanto para un niño pequeño al que su padre reprende por haber intentado poner sus deditos en un toma eléctrico; como para un votante asustado por la inseguridad que fogonea el discurso de los medios, que se inclina a la hora de votar por el candidato paternalista que propone "mano dura". Ambos son en definitiva discursos de poder. Entonces sobrevivimos a ese océano de palabras que nos van imponiendo, por convicción o incluso por puro cansancio, visiones exógenas de la realidad. Y la larga la visión propia no es más que la sumatoria, o el promedio, o alguna otra arcana fórmula estadística; de todos los discursos a los que hemos sido expuestos.
Pero, acaso no todos los discursos son discursos de poder ? O existen discursos no tendenciosos y que no obedecen a un plan específico de imposición de opiniones o ideas ?
Me parece bastante claro que en la vida pública, o política o social, todos los discursos terminan siendo un discurso de poder. Aún el más neutro, descriptivo, y científico posible nos ofrece una visión de la realidad recortada y focalizada en un aspecto y no en otro y esa elección termina siendo un estamento ideológico.
Y en las relaciones personales ? Cuando nuestros padres nos enseñan nos están prodigando un discurso de poder, que puede ser una visión de la realidad o en su forma más pesada y traumática, un mandato familiar y una profecía autocumplida para satisfacción del falso dios padre.
Es muy acertada la idea de Richard Dawkins de que el sentimiento religioso puede tener raíces en la infancia, ya que es el primer momento en el que la fe valida una palabra dada sin prueba alguna. Dudo que muchos niños hayan sobrevivido a la experiencia autopedadógica de meter sus deditos mojados en el enchufe. En cambio todos los que creyeron el discurso de sus padres, sí lo hicieron. Y después de todo, la creencia de supervivencia, aún en el más allá; se sigue fundando en un discurso de poder que no admite validación alguna.
Cuando llegamos a la adultez aprendemos a establecer nuestras redes sociales. Construimos una familia y nos convertimos, casi inadvertidamente en la nueva voz en la zarza ardiente que indica la realidad a nuestros hijos.
Pero también tendemos redes con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros amigos y con nuestros colegas.
Y ahí es donde, me parece, resulta útil pensar en la discriminación entre discursos de poder y discursos neutros. A lo largo de mi vida me he movido en distintos círculos, tanto profesionales como artísticos. Y las actitudes buenas y malas tendieron a distribuirse en forma uniforme. La fantasía de la vida bohemia de los músicos y los pintores que son todos buenas personas que se aman como si pertenecieran a una hermandad de privilegiados, es sólo eso, una fantasía. Cuando un artista de cualquier rama habla mal de un colega, no está haciendo una crítica imparcial. Entre líneas está armando su propio discurso de poder. "Yo soy bueno y el otro se equivocó". Un discurso sano o constructivo debería ser antes que todo, valorativo. Y después tratar de buscar el provecho o el aprendizaje mutuo. Nadie pinta igual que otro, o toca el violín, o baila o escribe una novela. Y siempre, pero siempre, habrá alguien que lo hace mejor que nosotros y alguien que lo hace peor.
La verdadera competencia debiera ser a lo largo del tiempo con nosotros mismos.
Volviendo al tema de los discursos de poder enmascarados como juicios valorativos; un problema serio es que un discurso de ese tipo; a fuerza de insistencia y repetición; puede terminar imponiéndose en un colectivo determinado. Es entonces cuando el discurso de poder puede terminar por ser un discurso institucionalizado.
Y con el sólo paso del tiempo, se empieza a construir y fijar el canon estético. Esta pregunta creo que ya la hice pero viene a cuento de vuelta. Quién será dentro de 500 años el mejor músico del siglo XX ? Stravinsky, Frank Zappa, Los Beatles, Madonna o Piazzola, por poner algunos ejemplos.
Tiendo a creer que será aquél que supo construir el mejor discurso de poder institucionalizado. En otras palabras, el más vendido, el más comentado, el más alabado, el más publicitado, el más editado, el que tuvo más prensa. Pero de mejor música o incluso gusto, ni hablar.
Entonces si esto es así en el futuro, cómo está construido nuestro canon estético del pasado ? El que creemos el mejor poeta, no habrá sido el más sociable o el que tuvo el ego más inflado lo que le permitió llegar a cimas sociales más altas ?
Y en nuestro presente, debemos generar un discurso de poder sobre nosotros mismos ? "Soy el mejor profesional en lo que hago, tengo experiencia y me las sé todas".
O debemos limitar hasta el salvajismo nuestro ego, y mantenernos en una condición de niños que todo lo aprenden y nada juzgan ?

Mi parte anarquista me susurra al oído, el izquierdo por supuesto; que a los que se dedican a crear discursos de poder les suele ir mejor en todo lo que emprenden.
Que los que eligen aprender y refinarse a sí mismos en su arte, suelen terminar olvidados.

Todo esto me trajo a la mente otra remanida frase, "las chicas buenas van al cielo, las malas a todos lados". Pero en este caso, creo que el mandato, una vez más un discurso de poder; es hacer lo que hacen todos : sumarse a la infinita propaganda.

Y a mí me gusta mucho viajar.

El señor de la foto es mi humilde candidato a mejor músico del siglo pasado.

miércoles, 19 de mayo de 2010

Porque sí

Porque me gustan mucho y no me detengo a pensar si son buenos o no.
Porque son muy poco conocidos.
Porque son de una época que a la distancia, parece un jardín musical.
Porque el título define como me siento a veces.
Porque eran una pareja que dejó de serlo pero siguieron cantando juntos.

Richard y Linda Thompson, "Jet Plane in a rocking chair", principios de los 70's.


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lunes, 17 de mayo de 2010

Mi mañana

Era todavía de noche y por lo tanto estaba oscuro.
En mi sueño escuchaba embelesado como una pelirroja de cabellera de fuego tocaba un instrumento mezcla de corno di basetto y cromorno. Un pequeño aparato de plástico, cuya fuente de energía proviene de pequeñas redondelas de metal; emitió un desagradable sonido.
Algo sobresaltado me levanté y medio a tientas me vi acostado sobre un rectángulo medianamente blando.
Adiviné el cuerpo de otra persona yacente a mi lado, probablemente una mujer.
Sin prestarle importancia me dirigí a un cubículo cercano donde sentado en un silla de porcelana, di rienda suelta a mi interioridad.
Realicé posteriormente unas abluciones bastante discretas.
Para contrarrestrar un poco el frío reinante me vestí con unas piezas de tela sumamente incómodas de llevar.
Luego fui a otro cubículo, decorado de forma drásticamente diferente.
Prendí un extraño aparato que ronroneó y al rato emitía un líquido caliente y negro que engullí
con prisa y un aparente gusto. Salí a lo que parecería ser el exterior. Feo, con un montón de cuadrados grandes, disímiles entre sí.
Algunos con luces en su interior, otros no.
En medio de ellos algo parecido a un río de piedra separaba conjuntos de estructuras.
No pequeña fue mi sorpresa cuando vi que unas horribles cajas de metal se paseaban a gran velocidad por ese río, o mejor dicho un maltrecho camino.
Quién sabe por qué memoria inconsciente, orienté mi mirada hacia algo en particular.
Agité mi mano en dirección a una de esos ataúdes de metal de color negro y amarillo con algo parecido a una linterna roja al frente.
Demostrando una osadía que desconocía, me subí a la caja por la parte trasera.
Era manejado aparentemente por un desconocido. Le mascullé algo, a duras penas, porque la mirada de la pelirroja seguía ocupando buena parte de mi tambaleante consciencia.
Emprendimos un largo viaje, de unos treinta minutos, donde serpenteamos sin ninguna lógica ni derrotero concretos.
Entramos por ríos o caminos mucho más grandes llenos de otras cajas o ataúdes de todo tipo de formas, colores y tamaños. El paisaje mudó a estructuras de cuadraditos mucho más grandes y altas. La sensación era de un apilamiento asfixiante. En comparación, mi barrio, se diría así ? era mucho más tranquilo y agradable.
Las cajas de metal se movían de forma demasiado rápida e impredecible para mi gusto; siguiendo un patrón de movimiento browniano que excedía mis conocimientos.
Finalmente me bajé de la caja, y le dí al desconocido algunos papelitos de colores muy ajados.
Entré en una estructura gigantesca más parecida a un mausoleo que a otra cosa.
Deambulé por pasillos como una rata en un laberinto hasta llegar a otro cubículo aparentemente familiar.
Encendí otro aparato, distinto al del jugo negro caliente, y esperé.
Tenia una gran pantalla que se iluminó, y empecé a escribir esto.

Extraño la música de la pelirroja.

Alguien me explica la lógica de todo esto ?



Centenario Bicentenario

Juan Bialet Massé (1846-1907) fue un médico y abogado catalán que se radicó en la Argentina a fines del siglo XIX para dedicarse a negocios de construcción.
En 1904, publica el "Informe sobre el Estado de las Clases Obreras en el Interior de la República", de acuerdo al pedido del ministro del Interior, Joaquín V. González del gobierno del presidente Julio A. Roca.
El informe es una descarnada visión de la pobreza y las condiciones de esclavitud imperantes en todas las provincias.
“¿Quién se ocupa de moralizar a este obrero, darle instrucción y regularizar su situación?”, se interroga Bialet Massé. Y su pregunta todavía sigue sin respuesta. “He recorrido la república en un largo trayecto, observando de día y tomando apuntes de noche, cuando el movimiento de los trenes no me lo impedía. No he tenido tiempo de ocuparme de la forma, sólo he puesto en el papel lo que la mente espontáneamente producía. Si a veces brusco y otras con indignación, declaro que a nadie he querido ofender, sino expresar la justicia y la verdad.”
Y la verdad que mostró el doctor catalán es terrible. Actualmente existen varias ediciones del infome y desde hace unos pocos años un excelente documental sobre él.

Pero el primer centenario no hizo nada para cambiar lo allí descripto.

Y mucho me temo que el segundo tampoco.

lunes, 10 de mayo de 2010

Reírse del orgullo

Qué es más importante ? Hacer algo bien o disfrutarlo ? Qué cuenta al final, la eficiencia o el disfrute ?

Hay veces en que descubrimos nuestras propias limitaciones y nos damos cuenta de que nuestras aspiraciones perfeccionistas no se van a cumplir.

Creo que en vez de nutrir una frustración, como hacen tantos adultos que terminan con un cáncer; hay que recuperar el disfrute de la niñez.

A ningún bebé le preocupa si gatea bien.

Pero todos los disfutan.