lunes, 17 de mayo de 2010

Mi mañana

Era todavía de noche y por lo tanto estaba oscuro.
En mi sueño escuchaba embelesado como una pelirroja de cabellera de fuego tocaba un instrumento mezcla de corno di basetto y cromorno. Un pequeño aparato de plástico, cuya fuente de energía proviene de pequeñas redondelas de metal; emitió un desagradable sonido.
Algo sobresaltado me levanté y medio a tientas me vi acostado sobre un rectángulo medianamente blando.
Adiviné el cuerpo de otra persona yacente a mi lado, probablemente una mujer.
Sin prestarle importancia me dirigí a un cubículo cercano donde sentado en un silla de porcelana, di rienda suelta a mi interioridad.
Realicé posteriormente unas abluciones bastante discretas.
Para contrarrestrar un poco el frío reinante me vestí con unas piezas de tela sumamente incómodas de llevar.
Luego fui a otro cubículo, decorado de forma drásticamente diferente.
Prendí un extraño aparato que ronroneó y al rato emitía un líquido caliente y negro que engullí
con prisa y un aparente gusto. Salí a lo que parecería ser el exterior. Feo, con un montón de cuadrados grandes, disímiles entre sí.
Algunos con luces en su interior, otros no.
En medio de ellos algo parecido a un río de piedra separaba conjuntos de estructuras.
No pequeña fue mi sorpresa cuando vi que unas horribles cajas de metal se paseaban a gran velocidad por ese río, o mejor dicho un maltrecho camino.
Quién sabe por qué memoria inconsciente, orienté mi mirada hacia algo en particular.
Agité mi mano en dirección a una de esos ataúdes de metal de color negro y amarillo con algo parecido a una linterna roja al frente.
Demostrando una osadía que desconocía, me subí a la caja por la parte trasera.
Era manejado aparentemente por un desconocido. Le mascullé algo, a duras penas, porque la mirada de la pelirroja seguía ocupando buena parte de mi tambaleante consciencia.
Emprendimos un largo viaje, de unos treinta minutos, donde serpenteamos sin ninguna lógica ni derrotero concretos.
Entramos por ríos o caminos mucho más grandes llenos de otras cajas o ataúdes de todo tipo de formas, colores y tamaños. El paisaje mudó a estructuras de cuadraditos mucho más grandes y altas. La sensación era de un apilamiento asfixiante. En comparación, mi barrio, se diría así ? era mucho más tranquilo y agradable.
Las cajas de metal se movían de forma demasiado rápida e impredecible para mi gusto; siguiendo un patrón de movimiento browniano que excedía mis conocimientos.
Finalmente me bajé de la caja, y le dí al desconocido algunos papelitos de colores muy ajados.
Entré en una estructura gigantesca más parecida a un mausoleo que a otra cosa.
Deambulé por pasillos como una rata en un laberinto hasta llegar a otro cubículo aparentemente familiar.
Encendí otro aparato, distinto al del jugo negro caliente, y esperé.
Tenia una gran pantalla que se iluminó, y empecé a escribir esto.

Extraño la música de la pelirroja.

Alguien me explica la lógica de todo esto ?



15 comentarios:

Aldous Lape dijo...

explicar la lógica de esto sería arruinar su relato...

un abrazo y buena semana !!

JPP dijo...

una mañana bastante geométrica...."Dios salve a esa pelirroja de tus sueños y la traiga a los míos" !!!

goolian dijo...

Así es, Aldous.
JPP, la geometría nos domina, si viviéramos en un mundo donde predominaran las redondeces y no hubieran ángulos rectos, tal vez seríamos menos violentos, no ?

Viejex dijo...

Sin embargo a la pelirroja no le veo angulos rectos y se me antoja bastante guerrera. Y eso me agrada.

Genial el relato.

ana ( estoy logueada en otro lugar y me da fiaca cambiar...) dijo...

A veces pensé en eso de las redondeces y lo menos violento... y, no sé por qué asocié los alfabetos con esa idea... el árabe está lleno de líneas ondulantes... ¿es un pueblo menos violento?

Bah... cosas que uno piensa cuando cree que no está pensando...

Por otra parte, bastante Cortázar me pareció el relato... Muy interesante...

Roedor dijo...

Esto está bueno.

La pelirroja también, para qué mentirle.

La foto de arriba me hace acordar a la cubierta de uno de los CD's de Juana Molina.

anita dijo...

A veces pensé en eso de las redondeces y lo menos violento... y, no sé por qué asocié los alfabetos con esa idea... el árabe está lleno de líneas ondulantes... ¿es un pueblo menos violento?

Bah... cosas que uno piensa cuando cree que no está pensando...

Por otra parte, bastante Cortázar me pareció el relato... Muy interesante...

goolian dijo...

Viejex, gracias sabía que a usted le iba a gustar.
Roedor, conozco el disco, pero lo confieso que no me gusta demasiado.
anita, entra en forma válida y de incógnito ?. Gracias por lo de cortázar.

Roedor dijo...

Juana Molina es buenaza en vivo. Los discos son un buen sucedáneo si te olvidaste de comprar Alplax en la farmacia...

De todos modos, mi analogía fue sólo por esa pelambre que se veía ahí. El relato es ambiguamente revelador, si es que existe tal cosa.

anita dijo...

No entro de incógnito, soy vaga para loguearme. Pero después me agarra la culpa y...

la stessa ma altra dijo...

uf, qué podrido tengo el cerebro!!! en cuanto leí que una mina tocaba el corno di basetto o algo por el estilo, no pude dejar de pensar en Suzanne Stephens... y de imaginarme la historia en torno a ella...

anamarys dijo...

Me parece que un caballero medieval, se topó con la tecnología, arquitectura e infraestructura de nuestros tiempos.

Muy hermosamente relatado.

goolian dijo...

Gracias anamarys, tal vez es lo que soy en realidad.

Gerson dijo...

El río con pequeños ataúdes representa la corriente del mundo; que lleva a la muerte, es un sueño muy recurrente... Al final del río se encuentra un estanque junto a todos los que la corriente arrastró y no se pudieron levantar a tiempo.

Al final es un mensaje esperanzador... tiene que ver con la fe y la esperanza.

Saludos!

goolian dijo...

Así es Gerson, gracias por pasar