
Si ser progresista es tratar de pensar una
Argentina post peronista sin clientelismos políticos ni sindicatos sempiternos y fascistoides, entonces soy progresista.
Si ser progresista es querer un estado absolutamente laico donde todas las religiones tengan injerencia sólo sobre sus feligreses en sus ámbitos específicos y no sean actores políticos, entonces soy progresista.
Si ser progresista es querer una sociedad con matrimonio de ambos sexos, con aborto y eutanasia reguladas y despenalización del consumo de drogas livianas, entonces soy progresista.
Si ser progresista es pretender que alguna vez una reforma social, agraria, impositiva o laboral, permita la desaparición de la miseria, entonces soy progresista.
Si creer en la ciencia y la tecnología como factores de avance permanentes en nuestro entendimiento de la realidad es ser progresista, entonces soy progresista.
Si privilegiar siempre la educación y la salud por sobre cualquier otro presupuesto es ser progresista, entonces soy progresista.
Pero que crea que alguna vez lo logremos, es otra cosa.