lunes, 18 de enero de 2010

Vittorio o derrota ?

Transcribo un pasaje del libro "Psicomagia" de Alejandro Jodorowsky que me impresionó mucho.

"Una vez vino a verme Vittorio Gassman. Sufría una fuerte depresión y era ya un artista célebre. Al hacer su árbol genealógico vi que su madre deseaba que fuera actor y que él no quería, lo que pagó con dolor. Enfermó y padeció depresiones. Era famoso, pero aquélla no era su vocación. Aunque era un gran actor, eso no le servía de nada. Le recomendé muchas cosas: le dije que fuera a la tumba de su madre, que matara a un gallo y llenara la tumba de sangre, que se untara el pene de sangre y penetrara a su mujer con furia. Me dijo que si no fuera Vittorio Gassman lo haría pero que, siendo lo era, no podía. Dos años más tarde, murió. No había contado esto antes, pero es un buen ejemplo para mostrar que uno puede realizarse obedeciendo a los demás e incluso tener éxito, pero si no eres feliz de nada te sirve."

Independientemente de que creamos o no en la eficacia de los métodos terapéutico-teatrales que emplea Jodorowsky; esta historia está teñida de una profunda tristeza. Su protagonista fue uno de los mejores actores que he visto y desde una lectura a la distancia, su persona se vislumbraba como la de un ganador absoluto de la carrera de la vida. Artista famoso y por ende rico. Dedicado por completo al arte. Muy pocas mujeres bellas se le deben haber resistido a lo largo de su vida.
Pero sin embargo, si lo que cuenta Jodorowsky es cierto; hay mandatos familiares, hay destinos decididos por otros y hay una cierta obediencia que terminan en el pozo negro de la depresión.

Distinto es el caso de Lev Tolstoi, creo. También una figura exitosa en vida pero abrumada hasta la agonía por una sed espiritual frente a la cual, cualquier éxito resulta una idiotez. Pero Tolstoi buscaba a un dios esquivo, en tanto Gassman no supo buscar su propio deseo.

Esa obediencia ciega al mandato paterno, a la parte siniestra del "deber ser"; esa aceptación de las normas sociales tienden demasiado fácilmente a clonar hasta el infinito la tristeza del actor italiano. Que tal vez hubiera llevado una vida mucho más feliz siendo panadero o zapatero.
Pero eso sí mucho más humilde y muchísimo menos expuesta.

Pero cuál es el problema real ? La inexistencia de rebeldía temprana contra los mandatos trascendentes ? Y uso "trascendente" adrede por su connotación religiosa que remite a una fuente exógena muy poderosa de mandatos. Uno mismo por no rebelarse, por no crearse problemas tan temprano en la vida, trata de "encajar". Y con un poco de suerte y otro poco de empeño termina encajando. A veces con un éxito considerable, por lo menos medido en términos económicos.
Y la inercia, la terrible inercia de la vida, hace su juego sin que nos demos cuenta y lo que fantaseábamos cambiar de nuestras existencias en los veintes, es un imposible en los treintas.

Otro de los posibles problemas, es la ignorancia frente al propio deseo. Qué deseo ? Qué quiero de mí ? Son preguntas que muchas veces lleva décadas vislumbrar una respuesta tentativa.
Y mientras tanto los mandatos empiezan a esculpirnos como ellos quieren.

La parte más dolorosa de la historia es para mí, cuando Vittorio expresa que si no fuera él, lo haría. Hay una patética resignación al personaje, propia del soberbio actor que fue ? Hay miedo al cambio o peor aún a la sola posibilidad de encontrar finalmente un atisbo de felicidad en un lado radicalmente distinto de los conocidos ?

De todas maneras, tiendo optimistamente a pensar que por más que los mandatos externos o trascendentes nos cierren las puertas de la alegría "aquí y ahora", las llaves de sus respectivas cerraduras las tenemos nosotros.

Y mirando a nuestros miedos más profundos cara a cara, se abrirán.

Pero, cómo costaría ....

5 comentarios:

Ana dijo...

Me cacho, qué temita tocaste...

¿Cuántos mandatos obedecimos antes de darnos cuenta de que lo eran?
¿Pudimos escapar de algunos sin sentir culpa?
¿Cuántos seguimos cumpliendo sin saberlo, sin querer saberlo, sin desear saberlo y sin saber qué hacer si lo supiéramos?

A veces "patear el tablero" da tanto miedo que nos quedamos paralizados...
A veces, con miedo, tal vez lleguemos a preguntarnos "¿Qué hubiese pasado si...?"

Y la mayoría de las veces ni nos imaginamos (no queremos imaginarnos) la respuesta...

goolian dijo...

Y llega un momento de la vida que adivinamos la respuesta pero ni siquiera nos atrevemos a formular la pregunta.
De cualquier manera, a lo mejor es sólo un desplazamiento neurótico infinito y si tiráramos todo por la borda e hiciéramos lo que es nuestro profundo deseo, poner una posada en Brasil, dedicarse al surf, bailar flamenco o lo que fuere; seguiríamos insatisfechos.

Creo que los mandatos externos tienen una gran cuota de responsabilidad, pero nuestra neurosis también. Sino sería muy fácil seguir responsabilizando a los padres, educación, entorno, clase social, etc. etc. Llega un momento en que ese subterfugio pasa a ser una coartada infantil.

Ana dijo...

De acuerdo. Llega un momento en que hay que crecer. Y eso puede implicar seguir aceptando los mandatos, pero entendiendo por qué o dejar de hacerlo pero asumiendo las responsabilidades y consecuencias.... si las hubiere...

Y los padres (y vos y yo lo somos) han hecho lo mejor que podían o entendían que debían hacer...

Es interesante el artículo que salió en la revista de LN el domingo... Te lo mando por mail...

goolian dijo...

Ana, yo soy más radical, tiendo a creer que llega un momento en la vida en el que hay que hacer una "tabula rasa" y empezar sin condicionamiento alguno.
Pero cuesta mucho.

Ana dijo...

¿Radical? Mirá vos...

En serio... sacudirse los condicionamientos para empezar de cero es un trabajo titánico... además, y no quiero ser amarga, no hay "tabula rasa" absoluta