jueves, 26 de enero de 2017

Contra las redes

Es bastante probable que en el lapso de nuestras vidas veamos una tendencia cibernética bastante inquietante.
¿Nunca les pasó que entraron a buscar un producto que querían comprar en la web y durante varios días con posterioridad al entrar a su mail aparecen avisos del mismo producto, al entrar a su Facebook aparecen posts comerciales de lo mismo e incluso reciben un par de mails ofreciendo el mismo producto?  Lo mismo pasa para un viaje de vacaciones cuando reciben miríadas de ofertas para el lugar que buscaron sólo una vez. Todo eso lo hacen algoritmos dentro de la red que buscan todo el tiempo construir un perfil de consumidor lo más acertado posible a los efectos de maximizar las ventas y las ganancias. Nosotros no nos damos cuenta pero la información sobre nosotros mismos que tan alegremente difundimos en la WWW (que nos interesa comprar un nuevo smart phone Samsung o que nos gustaría ir una semanita a Buzios) vale mucho dinero y es vendida y traficada en la red a nuestras espaldas.


Pero la cosa se pone aún peor ya que estos algoritmos de las redes, residentes en las nubes inaccesibles de granjas de servidores  (ya suena como un Olimpo informático postmoderno)  son cada vez más inteligentes y pueden no sólo anticipar nuestros deseos sino también llegar a saber más de nosotros que nosotros mismos.
Cito textualmente al libro de Yuval Noah Harari, "Homo Deus"  del año 2016, que trata sobre nuestros futuros posibles como especie humana o post humana.
"Un estudio reciente encargado por la némesis de Google, Facebook, ha indicado que ya en la actualidad el algoritmo de Facebook es un mejor juez de las personalidades y disposiciones humanas incluso que los amigos, familiares y cónyuges. El estudio se realizó con 86.220 voluntarios que tienen una cuenta de Facebook y que completaron
un cuestionario de de personalidad compuesto por 100 puntos. El algoritmo de Facebook predecía las respuestas de los voluntarios basándose en sus "me gusta" de Facebook; qué páginas web, imágenes y videos destacaban con la opción "me gusta". Las predicciones del algoritmo se compararon con las de los compañeros de trabajo, amigos, familiares y cónyuges. De manera sorprendente, el algoritmo necesitó un conjunto de sólo 10 "me gusta" para superar las predicciones de los compañeros de trabajo. Necesitó 70 "me gusta" para superar las de los amigos, 150 para superar las de los familiares y 300 para hacerlo mejor que los cónyuges . en otras palabras, si el lector ha pulsado 300 veces "me gusta" en su cuenta de Facebook ¡el algoritmo de Facebook puede predecir sus opiniones y deseos mejor que su esposo o esposa!
De hecho en algunos ámbitos, el algoritmo de Facebook lo hacía mejor que la propia persona. Se pidió a los participantes que evaluaran cosas tales como su nivel de uso de drogas o el tamaño de sus redes sociales. Sus juicios fueron menos precisos que los del algoritmo. La investigación concluye con la siguiente predicción (que hicieron los autores humanos del artículo, no el algoritmo de Facebook): " La gente podría abandonar sus propios juicios psicológicos y fiarse de los ordenadores en la toma de decisiones importantes en la vida, como elegir actividades, carreras o incluso parejas. Es posible que estas decisiones guiadas por los datos mejoren la vida de las personas".
Con una nota más siniestra, el mismo estudio implica que en las próximas elecciones presidenciales Facebook podría conocer no solo las opiniones políticas de decenas de millones de estadounidenses, sino también quiénes de ellos son los trascendentales votantes que cambiarán su voto, y en qué sentido lo harán. Facebook podría decirnos que en Oklahoma la carrera entre republicanos y demócratas es particularmente reñida, Facebook podría identificar a 32.417 votantes que todavía no han decidido a quién votar, y Facebook podría determinar qué es lo que cada candidato necesita decir para inclinar la balanza. ¿Cómo podría Facebook obtener esos datos políticos inestimables?
Se los proporcionamos gratis.
En el apogeo del imperialismo europeo, conquistadores y mercaderes compraban islas y países enteros a cambio de cuentas de colores. En el siglo XXI, nuestros datos personales son probablemente el recurtso más valioso que la mayoría de los humanos aún pueden ofrecer, y los estamos cediendo a los gigantes tecnológicos a cambio de servicios de correo electrónico y divertidos videos de gatitos."

Sin palabras.

jueves, 19 de enero de 2017

Las palabras y los mitos

Leyendo un libro de Mircea Eliade sobre mitología, publicado el año que yo nací, hace ya mucho tiempo; encuentro la visión cosmológica de los polinesios. Para los polinesios primitivos no existía en los comienzos nada más que las aguas y las tinieblas, recuerden el principio del Génesis bíblico; y la más que improbable posibilidad de algún contacto entre pastores hebreos y marineros polinesios hace 3500 años.


Entonces, según el mito, Io el Dios supremo, separó las aguas con la fuerza del pensamiento y de sus palabras, y creó el Cielo y la Tierra. Dijo “Que las Aguas se separen, que los Cielos se formen, que la tierra se haga”.  Estas palabras de Io, que sería una especie de Jehová tatuado je je , gracias a las cuales el mundo entra en existencia son palabras creadoras, cargadas de poder sagrado. También los hombres las pronuncian en cuanta circunstancia hay algo que hacer o que crear.  Se repiten en el rito de la fecundación de una mujer estéril, en el rito de curación del cuerpo y del espíritu y también en ocasión de la muerte, de la guerra y de los relatos genealógicos. También las palabras sagradas se utilizan para inspirar a los que componen cantos y poesía. Este rito, que tiene por objeto esparcir la luz y la alegría, reproduce las palabras de las que Io el Dios supremo se sirvió para vencer y disipar las tinieblas.
            Por lo tanto las palabras sagradas de la divinidad crearon la realidad y el rito cosmogónico humano que las repite o rememora altera para bien o directamente crea su propia realidad cotidiana.  Claramente en los genes de nuestra especie descendiente de homínidos de la sabana que se juntaban alrededor de un fuego; nos gusta mucho la palabra y que nos cuenten historias. Eso es válido tanto para un judío jasídico que busca los nombres ocultos de dios, para un pescador cretense que narra las hazañas de Odiseo, para un niño contemporáneo que escucha un cuento narrado por su madre o para un adulto que va al cine.
            El problema fue tal vez la pérdida de sacralidad de la palabra creadora. Cuando la palabra se hizo banal, dejó de ser parte de un ritual que rememoraba la creación de las cosas y se transformó en un mero relato. Relato que compite con infinidad de otros relatos por acaparar la atención de los seres humanos y el espacio perceptivo de nuestra realidad termina siendo, en un sentido más estricto, el campo de batalla de discursos de poder contrapuestos que todo el tiempo tratan de convencernos o que incluso hablan por nosotros.  No hablamos, somos hablados por los discursos de poder que pretenden todo el tiempo crear una realidad desde una palabra desvirtuada ya sea desde un diario, desde la la televisión o desde una charla común.  Si yo digo “el gobierno anterior fue una manga de corruptos ladrones” no estoy hablando yo sino un conjunto de medios que todos conocemos. Y si digo “el peronismo fue lo mejor que le pasó al país” estoy siendo hablado por la mitología del Paraíso Perdido, el primer gobierno de Perón, que dicha ideología implantó en las clases trabajadoras.   Todos estos discursos funcionan independientemente del valor de verdad de sus aseveraciones. Desde una óptica más sistémica no son otra cosa que memes poderosos.  Pero ese es otro tema.
            Resulta por lo tanto casi imposible distinguir una realidad inmanente detrás del inmenso palabrerío de los discursos de poder que colonizan nuestras mentes a toda hora. Lo cual nos lleva a un espacio de realidad contemporánea totalmente  epistemológica. ¿Cómo sé lo que sé?  ¿Lo sé por mí mismo o porque otros lo saben? ¿Cómo sé que algo es verdad?  ¿Por qué otros lo dicen, y si es así cómo los valido?  La red de discursos de poder genera un espacio epistemológico indescifrable sólo con la creencia o incluso la fe, sensaciones emocionales bastante alejadas del rigor científico.


            Pero volviendo a la palabra sagrada ya presente en los mitos cosmogónicos polinesios y en tantas otras mitologías del mundo, sobre todo las chamánicas y ritualistas; quiero enfocarme ene el punto que las palabras rituales también se usaban como invocación de inspiración a los creadores de música y poesía.
Para las mitologías “primitivas” la cosmogonía es el modelo ejemplar de toda especie de hacer, no sólo porque el Cosmos es el arquetipo ideal a la vez de toda situación creadora y de toda creación; sino también porque el Cosmos es una obra divina; estando por lo tanto santificado en su propia estructura. Por extensión todo lo que es perfecto, pleno, armonioso, en suma todo lo que esta “cosmificado”, todo lo que se parece a un Cosmos, es sagrado.  Por lo tanto hacer bien algo, obrar, construir, crear, componer, todo lo que lleva algo de la nada a la existencia, a lo que se le da “vida”, se le confiere un parecido al organismo armonioso perfecto y sagrado por excelencia; el Cosmos. Ya que el Cosmos, es la obra ejemplar de los seres divinos, su obra maestra. Entonces, dentro de esta visión mitológica y cosmogónica primitiva,  toda producción artística es sagrada ya que remeda la creación del mundo.
            Pero entonces vino la transición al Neolítico, la agricultura, las ciudades y las grandes religiones. Y en una de ellas, el judeo-cristianismo que moldeó, querramos o no, a todo Occidente; existe un personaje que remeda al revés las palabras sagradas de la Creación.  El primer arcángel, el preferido del Creador era el que llevaba su primera creación ex nihilo, la luz. “Fiat Lux”.  El portador de la luz en latín es Lucifer. Y este arcángel quiso crear él también. Repetir el ritual de las palabras sagradas y santificar su creación. “Jehová vio su obra y la halló buena”. Lucifer quiso poder decir lo mismo siendo tal vez el antecedente mitológico de todos los artistas. Pero el creador ya no permitía el uso de la palabra, ya no estaba santificada o en el mejor de los casos era propiedad exclusiva de un celoso demiurgo. Ya sabemos cómo termina el que debiera ser el santo patrono de todos los músicos, los pintores, los escultores y los poetas.


            Deforestemos pues nuestras mentes de las malezas externas de palabras de discursos de poder y defendamos el acto creativo y alegre como una  pequeña revolución individual hacia nuestro entorno.

            Quién sabe, a lo mejor terminamos creando nuevos y mejores mitos.


miércoles, 14 de diciembre de 2016

Amanece en la casa de té

Hace ya muchos años escribí una novela que fui enviando por correo, capítulo a capítulo, a una ex novia para reconquistarla. Una de las ideas que obsesionaban al protagonista era la metáfora sufi de que la vida es como despertarse en medio de la noche para emprender un viaje. Está oscuro y hace frío y sin embargo uno debe partir. Suponemos que estamos viajando en una caravana con destino incierto por la Ruta de la Seda.
Pero empieza a clarear y la aurora, la de los rosados dedos como decían los griegos, empieza a hacerse notar. Al amanecer se llega a la casa de té y según los sufíes termina el viaje espiritual con la iluminación.


Mucho pero mucho tiempo después, leo en una compilación de escritores, la mayoría franceses, del grupo OuLIPO la siguiente frase de Hervé Le Tellier: "Pienso en que levantarse por la noche y habituar los ojos a la penumbra podría ser una definición de la vida" .

Pero ¡claro!  Coinciden las ideas. Cada uno de nosotros es arrojado a un mundo que no conoce y su consciencia trata desesperadamente, aunque lo neguemos toda la vida, de entender ese absurdo incongruente que llamamos realidad.  Despertamos sin saber dónde estamos en medio de la oscuridad. Tratamos entonces de habituar nuestra mirada a las sombras sabiendo que además debemos partir. Muy de a poco nos acostumbramos a la oscuridad o tal vez sea porque empieza a clarear un poco. Pero ha pasado mucho tiempo y ya hemos recorrido casi toda nuestra vida. Sufrimos, lloramos reímos, amamos y fuimos amados, nuestro corazón se partió y se zurció mil veces.
Y todo el tiempo tratamos de habituar nuestros ojos a la penumbra.
Pero llega el final.
¿Será que la muerte es el amanecer?  ¿La famosa luz al final del túnel?
Para los que organizan su oscuridad con ficciones teleológicas como los dioses que proponen las religiones esa idea claramente funciona. Pero los ateos acérrimos como yo, a los que incluso la noción de que la velocidad de la luz sea una constante en todo un universo les parece una hipótesis exagerada;  no alcanzaría.  La muerte no es una casa de té donde descansar al amanecer.

Pero sí es la idea que debe realzar todo el viaje. Es la herramienta para poder habituar nuestros lagañosos ojos a la oscuridad a la que somos arrojados. Cada instante del presente es valioso y es lo único que tenemos. Y si podemos llegar la casa de té sabiendo que no nos arrepentimos de nada, que no nos quedamos con las ganas de tantas cosas, que el miedo no pudo finalmente vencernos, que dimos un portazo o un grito alguna vez, que reímos hasta el dolor de estómago muchas más veces y que no importa cuán roto haya estado nuestro corazón siempre volvimos a florecer con él en el amor.

Entonces claro, podremos habituar más fácilmente nuestros ojos a la oscuridad sabiendo que cada vez nos acercamos más al amanecer.

viernes, 6 de marzo de 2015

Diferencias



Un músico se sienta frente a un atril en silencio y observa la partitura que tiene delante. El compositor la escribió y tuvo en su cabeza y en su corazón una música que trató de plasmar en papel. El músico sabe o intuye que lo que tocará deberá aproximarse a esa idea. Pero además de sus posibilidades o imposibilidades, esa diferencia existe. La música, que debería ser siempre más interesante que el silencio, se concreta dentro del espacio de esa diferencia.

Un escultor apronta sus herramientas en el silencio de su taller. Ha tenido la noche anterior una idea para una obra nueva que le parece fantástica. El escultor sabe o intuye que su trabajo en el taller deberá aproximarse a esa idea. Pero además de sus posibilidades o imposibilidades, la diferencia entre la obra terminada y su idea existe. El arte, que debería ser siempre más interesante que las palabras, se concreta dentro del espacio de esa diferencia.

Un hombre se despierta al amanecer y observa a su mujer dormida en silencio. En su cabeza y su corazón siente una ternura que tal vez sólo la música o el arte podrían describir. Pero ese hombre sabe o intuye que el amor que experimenta es distinto del que siente la mujer. Nunca dos amores son iguales, nunca dos amores son de magnitudes exactamente equivalentes. Además de sus posibilidades o imposibilidades, esa diferencia existe. El amor, que debería ser siempre más interesante que la soledad, se debería concretar dentro del espacio de esa diferencia.

Debería ?

miércoles, 11 de febrero de 2015

Corrimientos Artísticos

El arte tal como lo conocemos los humanos no tiene una funcionalidad definida. Los artistas ganan dinero con su arte pero pareciera ser más la excepción que la norma y existen además infinidad de ocupaciones mucho más lucrativas. También satisfacen su necesidad de expresión a la vez que desarrollan su creatividad. Pero perdonen mi escepticismo, lo que logran no es mucho más que una satisfacción pasajera que puede o no verse reforzada en el ego por eventuales opiniones favorables de los demás.

En mi humilde opinión la práctica artística, que me parece un término mucho mas real que el pomposo Arte; empieza a adquirir algún sentido desde lo lúdico y lo hedonista. Cuando se busca el disfrute por el disfrute mismo, cuando se juega como los niños cuando se realiza algo artístico es cuando me parece que se obtiene una satisfacción mayor y se encuentra algo parecido a un sentido.  Pero nunca nos alejamos demasiado de una idea centrada en lo subjetivo y puede terminar no siendo demasiado diferente de una masturbación con accesorios.
Tomemos por ejemplo el caso de la música. Para algunos científicos, notoriamente Stephen Pinker; no tiene ninguna necesidad evolutiva. Es como un subproducto de algo que no se usó y terminó en algo completamente diferente. La evolución biológica y la cultura humana tienen varios ejemplos de resultados similares. Para otros investigadores en cambio, como Stephen Mithen autor de "Los neardentales cantaban rap", la música y más específicamente el canto, fue una evolución indispensable en el arduo camino hasta hacernos humanos. Según este autor el lenguaje hablado no sería más que una derivación del canto. En un principio nuestro antepasados homínidos empezaron a entonar sonidos que reflejaban emociones, "protocanciones", como ira, miedo, alerta o alegría; que luego fueron derivando hacia el lenguaje hablado. Recordemos que incluso algunas culturas mal llamadas primitivas, como la guaraní, basaban todo su conocimiento transmitible en canciones (canciones para aprender a cazar, para aprender a amamantar un hijo, etc. )



Algo de eso puede haberse transmitido a través de los siglos hacia los convencionalismos musicales que se hicieron comunes a partir del barroco, como la sexta ascendente como idea de súplica, una segunda como ira o las repeticiones de frases como eco.

En nuestra época contemporánea, como bien señala Pascal Quignard, la música ha perdido importancia. Nunca escuchamos tanta música como ahora. Escuchamos música mientras viajamos en auto o en transporte publico, mientras cenamos, mientras trabajamos, en el ascensor, en la sala de espera del consultorio, pero nunca le prestamos la atención que se merece. Hemos perdido casi completamente la idea de escucha "activa" de la música. En mi adolescencia, recuerdo que salía el nuevo vinilo de Pink Floyd o quienquiera fuese y yo me derrumbaba en mi sillón favorito a escuchar entero muy atentamente, con la única interrupción posible de dar vuelta el LP. Hoy en día, aún colegas músicos de mi edad me cuentan que les cuesta escuchar un CD entero sin levantarse del sillón. 

Hemos tenido un corrimiento de la música hacia un lugar no muy deseable. La escucha de música ha dejado de ser una manifestación casi sagrada de atención para convertirse en un lastimoso "wallpaper" de la vida cotidiana.

Si a es le sumamos la decreciente calidad en los medios de reproducción, (el MP3 no es tan bueno no me
jodan) ya que escuchamos no en equipos HI-FI sino en parlantes de computadora, en auriculares de iPods o en lo baffles de un auto el panorama es desolador. También la competencia con el ambiente circundante hace que todo lo que s graba aproveche todo el ancho de banda posible, es decir todo se graba y se escucha lo más fuerte posible, aun la música clásica o acústica. Hay que ganarle al ruido del tráfico, a la conversación a nuestro lado en el subte, al ruido omnipresente del mundo.

Les dejo una idea más sobre el tema; es medio intuitiva pero creo no estar demasiado lejos de la verdad. El 99.99% de la música que se graba, se publicita, se vende y se escucha en este planeta está confeccionada con cinco instrumentos o elementos básicos, voz, bajo electrico, guitarra electrica, batería y una computadora. Existen aproximadamente unos dos mil instrumentos musicales, entre clásicos, folclóricos, étnicos, antiguos, experimentales, etc. Todo esto redunda en un achatamiento cultural impresionante.


En otras prácticas artísticas no musicales, como por ejemplo el arte plástico contemporáneo; también se evidencian corrimientos. Algunos son muy deseables como el acento en lo lúdico que propone el artista brasileño Ernesto Neto en su obra O Bicho suspenso na paisagem. Esta obra aparte de experimentarse como un gigantesco espacio de juego también tiene un sesgo insoslayable de participación colectiva.


También podemos decir que la inmensa mayoría del arte conceptual, de Duchamp hasta el presente, consiste en un fuerte corrimiento de las artes plásticas hacia lo literario.Cada vez más un discurso, un relato tiene que explicar o sostener una obra de arte contemporáneo. Por supuesto que toda explicación siempre es bienvenida para la degustación de un obra artística. Si me explican el episodio de la mitología griega donde Teseo abandona a Ariadna en una isla y se encuentra con Dionisios, voy a entender mejor el hermoso cuadro de Tiziano,  pero en el arte contemporáneo pareciera que hemos llegado a un punto donde sin el relato que lo sustente la obra no ni siquiera abordable desde la sención pura. 

En nuestro días la obra de arte contemporáneo se recorre, como en la instalaciones, se huele, se degusta y se transpira.  Existe pues un corrimiento hacia lo literario en el discurso del arte conceptual y un corrimiento un poco más difuso hacia uan cierta sinestesia o ampliación de los sentidos para el que ya no solamente observa la obra.

En el teatro también podemos observar corrimientos hacia lo colectivo, lo sociológico / político y hasta interesantes observaciones cuasi filosóficas sobre la percepción. (La fura del Baus en un espectáculo dividía al auditorio con una pared donde proyectaba filmaciones falsas a cada mitad sobre lo que estaba pasando en el otro lado).

Por último la pintura clásica en su funcionalidad primaria, ser una mímesis siempre imperfecta de la realidad, se ha corrido hacia la fotografía; lo cual constituye una ampliación del espacio de libertad del hecho pictórico que las otras artes tal vez no han tenido en la modernidad.


Una pequeña postdata política.
No solamente en las prácticas artísticas encontramos corrimientos o deslizamientos en esta postmodernidad borrosa que nos toca vivir. En el ámbito ideológico / político también detecto un deslizamiento hacia otras áreas del espectro humano de posibilidades. Muchas de las adhesiones políticas o ideológicas actuales están teñidas de emocionalidad e incluso de sentimientos de creencia de tipo religioso.
Uno ya no sabe que un determinado político tiene una propuesta de gobierno que le agrade, simplemente cree en él.  Nuestro universo político es un puro ámbito de desarrollo emocional ya sea por fanatismos cuasi religiosos o por odios irracionales. Se cree en un gobierno o en una oposición casi de la misma manera que se cree en un dios o en otro o se descree de todos.  
Otro corrimiento posible, empleado muy astutamente por partidos de derecha, es correr la adhesión político / ideológica hacia un producto de marketing facilmente distribuible y vendible. El politico se vende como si fuera un producto, con asesores de imagen, de discurso, con encuestas de opinión y asesores que terminan determinando toda su gestión, tanto en lo electoral como cuando se accede al poder. 
Conste que ni siquiera estoy mencionando el inmenso poder de los medios de comunicación y de la televisón, que como diría Jerry Mander bastardea y destruye todos los contenidos que propaga. De lo anterior deducimos que uno termina creyendo  que un determinado candidato "nos va a salvar" porque nos parece honesto, aparece en la pantalla como alguien mesurado con un lindo traje y nos seduce desde lo emocional.  
De forma similar nos movemos por los sentimientos opuestos hacia los oficialismos u oposiciones que no nos gustan y nos encerramos en fanatismos descalificadores que entorpecen cada vez más el ya difícil diálogo. Se vota "en contra de" e incluso figuras de la constelación política que supuestamente están en las antípodas ideológicas marchan juntas unidas por el rencor en contra de algo o alguien. La emocionalidad termina ganando a la ideología.  Será que las ideas ya no nos sirven ? Será que vivimos en una sociedad cada vez más alejada de la razón y el pensamiento ? Será que nuestras pulsiones emocionales más básicas y primitivas nos gobiernan mucho más de lo que estamos dispuestos a admitir ?

martes, 10 de febrero de 2015

La voz de dios y la otra

Algunas contadas veces, cuando pierdo de vista mi ateísmo, se me ocurre pensar que si dios existiera o existiese, debería tener una hermosa voz.
La voz de dios sería entonces muy pero muy parecida a la de Leonard Cohen.
You got me singing - Leonard Cohen

Y la voz del diablo ?
Obviamente sería la de Tom Waits.
Hold on - Tom Waits

Ahí es cuando me doy cuenta de lo parecidas que son.



miércoles, 3 de diciembre de 2014

Pregunta a las neuronas de dios


Las semanas pasadas estuve en la presentación del libro “Las neuronas de dios”  Diego Golombek en el teatro Margarita Xirgu. Acababa de devorar el libro la semana anterior y me había encantado.
La presentación me resultó muy amena y divertida y mi mente se vio nuevamente sacudida por las ideas y la información recibidas en igual medida de como lo había sido durante mi lectura del volumen, tal vez a un ritmo más acelerado eso sí.


No obstante lo cual salí un poco frustrado del evento. Y eso fue exclusivamente culpa mía ya que mi timidez congénita me inhibió de inquirir en público en un teatro colmado una pregunta que me vino a la mente a medida que hablaban.

Como bien apuntó Darío Sztajnszrajber, filósofo invitado,  frente a la condición angustiosa de la vida el hombre a lo largo de la historia elaboró dos respuestas muy disímiles. La ciencia y la religión. Así, frente
a las preguntas existenciales que enfrenta toda conciencia, ambas ofrecen dos tipos de respuestas posibles. Una ofrece certezas y la otra incertidumbre.  Una se basa en creencia, en  la fe, que no es estrictamente una forma de conocimiento, y la otra se basa en un cuerpo de conceptos que se supone permanentemente revisado y mejorado. En otras palabras si uno elige la religión obtendrá respuestas abarcativas y completas pero muy probablemente falsas, eso siendo muy generoso. Si en cambio uno elige la ciencia obtendrá respuestas verdaderas pero muy parciales y sujetas a revisión.
Esta dicotomía entre algo completo pero falso versus algo verdadero pero parcial creo yo, que nos habla de tipos de personalidades o psiquis e incluso de configuraciones de cerebros muy distintas.
El niño repite en su ontogenia,  la filogenia de la especie y comienza, como el hombre primitivo
con un vitalismo intuitivo. La pregunta es porqué algunos continúan en esa tendencia y siguiendo
generalmente variables culturales de entorno (la fe de los padres probablemente la principal) terminan del lado de la creencia religiosa.  Algunos pocos, los menos terminan desarrollando una visión del mundo más racional y positivista que puede o no incluir una postura férrea de ateísmo.
Pienso que una mente acostumbrada a la incertidumbre, que puede sentirse cómoda con ideas como la paradoja, el caos, el infinito y que en términos más pragmáticos no necesita inmediatamente una explicación para todo su mundo fenomenológico es mucho menos proclive a desarrollar la idea de dios.   Después de todo el buen científico es el que está a gusto con lo que no sabe en vez de estarlo con lo que sabe. En cambio una mente que necesita explicaciones acerca de todo lo que le rodea va a terminar eligiendo respuestas que satisfagan su ansiedad intrínsica devoradora de patrones, llegando incluso a aceptar y a internalizar ideas muy desarraigadas de la realidad.
Prefieren una narración ficcional tranquilizadora a una respuesta científica que les sólo les termina abriendo más interrogantes y por ende más ansiedad y angustia.

Pero vayamos de una vez a mi pregunta que motiva este escrito. ¿Existe algún estudio sobre distintas configuraciones cerebrales o tal vez distintas estructuras psíquicas (ya poniendonos freudianos) y su relación con la presencia o ausencia de creencias religiosas? ¿Alguna correlación entre tendencia al pensamiento matemático donde las ideas de infinito, paradoja o indeterminación son comunes y tendencia al agnosticismo o escepticismo religioso?

Sería interesante saberlo. no?