miércoles, 20 de agosto de 2008

A última saudação do Mozart

Una obra incompleta es más interesante ? Qué es preferible, una obra sin terminar o una versión final realizada por alguien de muchísimo menos genio que el autor inicial ?
Algo así se nos presenta con el Réquiem de Wolfgang Amadeus Mozart. Indudablemente una de las obras más famosas de la historia de la música. Tal vez parte de su atractivo consiste en que no muestra una visión beatífica de la muerte sino por momentos una angustia y una tristeza infinitas. Será tal vez porque es la única misa de Requiem compuesta por un músico que sabía que se estaba muriendo en ese momento ?
En la forma tradicional de la misa de Réquiem existe un movimiento final llamado "Libera me", ausente de la versión de Mozart y completada por su discípulos Sussmayr bajo las indicaciones de la viuda del compositor.
Esta sección muchas veces era cantada en gregoriano, como el Gradual, pero como la intención original del Réquiem era la de usarse en un servicio religioso privado, podríamos concluir que falta el "Libera me, Domine, de morte aeterna ..."
Aparece entonces la figura de un ignoto compositor austríaco, Sigismund Ritter von Neukomm, que fuera discípulo de Michael Haydn y masón como Mozart. También fue amigo y colaborador de Franz Joseph y hacia 1809 conoció al político Tayllerand. Este le encomendó una misión diplomática, acompañanado al conde de Luxemburgo a la corte del emperador Joao VI en Rio de Janeiro, Brasil, destino exótico para nuestro nuevo personaje al que arribó cerca de 1816.
En 1821, en la festividad de Santa Cecilia se decide hacer en Rio de Janeiro una misa de Réquiem a la memoria de los músicos muertos ese año. Se ejecuta la obra de Mozart con el agregado del "Libera me" compuesto por Neukomm.
La obra al fin está terminada y suena por primera vez en una cálida noche de una ciudad impensada por su autor original.
El movimiento final de Réquiem de Mozart por el Brasil Ensamble.

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