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Desde entonces lleva siempre una bomba en la maleta.
Según él, la probabilidad de que haya dos bombas a bordo es infinitesimal.
El miedo estupidiza.
"Ningún capitán llega a destino con la misma carga con la que zarpó" -(Pessoa)- "Quienes creen que el dinero lo hace todo terminan haciendo todo por dinero" -(Voltaire)- "Anímate a ser quien eres" -(Píndaro)- "Desconfiad de áquel que no le guste la música" -(Shakespeare)- "El que piensa y no actúa, engendra peste" -(Blake)-
Pero al promediar la adolescencia se adquiere la noción de que el niño que fuimos ya no volverá jamás y nuestro cuerpo, con su batería de vellos y voces roncas; nos lo recuerda a cada paso. Esa es a lo mejor la primera muerte, la del niño cuya voz femenina nos abandona para simepre. Muchos músicos que cantaban de niños hablan de eso.
Una vez adultos nos damos cuenta cabal del ataque inexorable de ese enemigo que como decía un poeta cuyo nombre no recuerdo "nos mata huyendo ...".
Comienza ahí una desesperada carrera por frenar ese paso lento pero seguro que a estas alturas ya nos suena como una imparable decadencia. Algunos se aferran durante décadas a las vivencias y gustos de sus años juveniles (probaron alguna vez de volver a escuchar esa canción que nos volvía locos a los quince años ?). Otros se embarcan en diversos proyectos tendientes a la perduración (hijos, matrimonio, estudios) o el más de moda actualmente el éxito económico y profesional; en mi opinión el menos seguro. Otros empiezan una búsqueda espiritual que les brinda consuelo y apoyo.
Si como alguna vez leí en un libro de biología las células de un organismo humano se renuevan en su totalidad cada siete años; la diferencia entre mi persona actual y mi yo niño de diez años es la misma que existe entre la simpática moza que me está sirviendo un capuchino y yo.
Pero la lucha contra el tiempo es una batalla perdida de antemano. Ni siquiera las Pirámides de Egipto, uno de los más impresionantes intentos de eternidad, pudieron ofrecer un combate más o menos digno. Será por eso que casi todas las personas que pasaron la mal llamada mediana edad siempre hablan de "su época". "En mi época las cosas no eran así...". Pero si todavía siguen vivos el presente sigue siendo "su época". Pero tácitamente están aceptando la derrota incondicional a la que los somete Cronos siendo la batalla decisiva siempre la última.
Acaso nada puede vencer a Cronos ?
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte,
contemplando
cómo se passa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando;
cuán presto se va el plazer,
cómo después, de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parescer,
cualquiera tiempo passado
fue mejor.
Y pues vemos lo presente
cómo en un punto s'es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por passado.
No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera,
más que duró lo que vio,
porque todo ha de passar
por tal manera.
Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar
que es el morir;
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
allí los ríos caudales,
allí los otros, medianos
y más chicos,
allegados son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.
Al retornar a su pueblo natal, Albrecht no había olvidado su promesa. Pero cuando en el banquete familliar Albrecht ofreció a su hermano Albert los medios económicos para que él estudiara; sel minero, entre sollozos lo declinó. Moviendo su cabeza, ocultando con sus manos su pálida faz, Albert repetía una y otra vez "No ...no ...no ...no.". Finalmente Albert se paró y secó las lágrimas de sus mejillas. Miró a la larga mesa del banquete y a las caras de sus seres queridos y dijo muy dulcemente, "no hermanito, no puedo ir a Nuremberg. Es demasiado tarde para mí.
Mira... mira lo que cuatro años en las minas han hecho a mis manos. Todos los huesos en cada dedo han sido quebrados por lo menos una vez y he empezado a tener artritis en mi mano derecha. Me cuesta sostener un vaso de vino y nunca podría sostener un pincel con la delicadeza suficiente para ejecutar los trazos con los que todavía sueño en mi corazón.. ".
Años después Albrecht retrataría las manos de Albert. La historia es tan literaria que es poco probable, pero importa ?
Albrecht Durer fue uno de los primeros artistas que centró su trabajo en la figura del artista realizando autorretratos donde se pinta a sí mismo con el cardo, símbolo de Cristo. Esta idea, renacentista por completo, al poner al artista como individuo en el centro y comparándolo con Cristo nos puede parecer simple a nosotros; pero para la época era increíblemente moderna. También fue probablemente el primer artista que, los domingos a la mañana lo podías encontrar en la feria de Nuremberg en la calle vendiendo a la gente sus grabados al lado del carnicero o el florista.